Crédito: geralt
Si de comunicación se trata, hoy en día las redes sociales juegan un papel importante en la vida diaria, y aunado a la tecnología que se mueve a un ritmo vertiginoso, ofrecen en conjunto una sinergia e inmensa gama de herramientas y posibilidades para lograr su objetivo – en términos de una pronta respuesta entre emisor y receptor – y otros factores, como el de su marketing, para mantener cautivado al consumidor. Quien cuenta con la tecnología en la mano, metafórica y literalmente hablando, el acceso a ellas está a un solo toque y siempre disponibles. No descansan.
No hay frontera ni idioma que limite su propósito. “Acercar” a las personas es el objetivo principal, seguido de entretener, socializar, informar, comercializar, trabajar, crear, etc. Son un medio poderoso en la sociedad pero a la vez de cuidado, porque la eleva o la hunde, con o sin interés de por medio. Por sus algoritmos, el contenido se vuelve variado, tanto por un gusto en particular como por el que sugieren, y para todos. Su aporte en el apoyo a causas sociales llega a impactar benéficamente. Dan espacio a personajes y nuevas ideas –aunque no necesariamente sean atractivas o contribuyan en algo -. Convidan libertad de expresión. Abren un portal de “respiro” a la cotidianidad. En fin, estas y otras ‘bondades’ podrían destacarse de ellas.
Pero ¿qué más hay detrás de estas cuando ese propósito de ser solo un medio (aparentemente) es rebasado por la importancia que se les da?
¿Detonantes emocionales?
Si bien el uso de la tecnología puede no ser complicado, por donde se aloja esta, sí llega a serlo y causa un efecto.
Manejar una computadora o un celular que, pareciera cosa fácil y nunca falta un, “Ay no! ¿Cómo crees?, “si es re sencillo, ‘nomás’ te metes acá” o, “nomás’ le picas aquí y acá, y ya”; la realidad es que no lo es para todos y puede que la tendencia sea por ejemplo, la tercera edad a la que se le dificulte más adentrarse al mundo tecnológico, sin embargo no es regla. También a la generación detrás de esta le puede resultar a veces brumoso el hacer uso de ella, y sumándole las redes… ¿Qué efectos causan junto con el uso del celular? Que bueno, tan solo perder este, en 3, 2, 1! provoca un sentimiento tipo «Se me va la vida», y sí, puede que en parte sea así porque lo que guarda el equipo es tan solo el encapsulado de momentos, del día a día – de lo personal y de lo laboral -, y en ocasiones ese registro no es recuperable.
Ansiedad, intolerancia, impaciencia, angustia, control (desmedido en ocasiones), apego, frustración, enojo, agobio, aislamiento, vacío, aburrimiento, miedo, estrés, berrinche, enajenación, y otros desencadenantes como, procrastinación, mala interpretación y por ende malos entendidos, sentido de desconexión (¡¿que qué ironía, no?!), etc. Podrían resultar más.
Puede “sonar” exagerado pero en proporciones aun pequeñas, la interacción por medio de las redes sociales es ‘salpicada’ en algún momento por alguna de las emociones mencionadas, ya sea por separado o de todas un poco a la vez. Cada quién sabe en qué se puede identificar, si es que fuera el caso.
Otros aspectos no tan agradables que de estas salen, es que cada quien entiende lo que quiere, la expresión del otro en cualquiera de sus formas se toma personal. Detrás de una pantalla, el cobarde es valiente y viceversa, el ego queriendo tener la razón por sobre todas las cosas y a costa de lo que sea. Hasta el más juicioso cae, literal, en la red del otro y se engancha; la razón se ofusca, se arrastran unos con otros… ríspido se vuelve el ambiente. Mal informan. Lo que en ellas se ve, se lee y se escucha es la ley si no se va más allá, si no se aprovecha la mancuerna equipo (cualquiera que este sea) + internet, la inteligencia artificial gana a la humana. Cabe también decir que si bien no todo lo que se encuentra en internet es 100% verídico o real, cuando menos echarle un vistazo y dejar que el libre albedrío y sentido común hagan lo suyo, la primera percepción pasa de un “pues dicen/vi/escuché” a un criterio más objetivo, en el entendido que tampoco se le piden peras al olmo. Por un like o una suma de seguidores, la invasión al espacio vital –virtual y físico –personal, y por ende su exposición, o se vuelve meme o se vuelve chisme, con o sin contexto (hoy palabra de moda, entre otras). La silla de los acusados nunca está vacía, la fila es larga y la moral impecable del que juzga a diestra y siniestra, sentencia con tal determinación que, la condena llega a ser la máxima. Manipulan, si se les permite. El escarnio es potente. Llegan a cualquier edad aun con sus restricciones. Son una necesidad abrumadora.
¿Sus puntos ciegos?
Su poder es tal que llega a darse un quiebre de la realidad en cualquier aspecto si por un lado el mensaje – cualquiera que este sea -, no es asertivo o el receptor tampoco lo es. ¿Qué sí y qué no es real?
¿Son entonces las redes el “problema”?
Nadie más que el receptor es responsable del poder o la importancia que les da y de identificar los efectos que pudieran llegar a ocasionar, y que en nada tienen que ver con las redes porque estos solo buscan una salida fácil y rápida para proyectarse. Así mismo lo es el cómo, el por qué y para qué hace uso de ellas.
¿Su parte positiva? Porque también la hay (quien quiera verla y si no…)
Con la pandemia se potencializaron – no sé a qué grado -. Fueron el contacto para no volverse loco en el encierro, para poder subsistir en aspectos económicos, emocionales y demás. Personas que en otro momento no podrían saber con qué habilidades o talentos contaban, se descubrieron, tanto a sí mismos como al resto. Los negocios, y las mismas personas que tal vez se resistían a usarlas, sí o sí sabían que debían hacer uso de ellas. El sentido del humor impera también, ya sea negro, blanco o término medio, lo hay para todos –aunque no siempre el que se lleve se aguante o no lo logre diferenciar-. Los comentarios que se derivan llegan a ser aún más divertidos que el contenido mismo. Se aprenden y descubren muchas cosas. Las tareas cotidianas son más rápidas y prácticas. Incluso, sin adentrarse tanto en ellas, la información llega. El que quiere toma algo para sí mismo. El tiempo pasa rápido o desapercibido. Tienen el peso para ser un recurso ante la ley – aunque deja de ser positivo si se cruza la delgada línea para el atropello -. Se escribe lo que se quiere de alguna forma.
¡¿Y qué decir del mundo del internet en particular?! Es una maravilla, se encuentra todo y se llega a cualquier lado (o casi porque las rutas no siempre están al día o correctas). Preguntas como, ¿Qué es eso? (y no me refiero a la expresión de Bob esponja tan escuchada en redes hoy en día), ¿quién?, ¿dónde?, ¿cuándo? y ¿cómo?, ya no debieran formularse, al menos si la importancia de la duda es de otro carácter, porque reitero, la mancuerna tecnológica está más que presente.Y cabe mencionar también que si este falla, “se sufre” porque el ritmo de vida lo ha tomado de la mano para hacer equipo.
Pero y en términos de la interacción humana física, de tocar sistemas sensoriales, ¿qué dejan las redes sociales? Irónicamente, el contacto intangible. Pareciera que ya son un único recurso de comunicación. La cercanía es distancia. El momento presente y entorno, desmerece. La practicidad de un texto no siempre es la misma practicidad para el sentir. El tiempo se detiene o corre muy de prisa, o se tiene o no se tiene (o no se quiere). El “pero no me cuelgues…”, es ya obsoleto (entiéndase el chiste y la referencia).
Son “la onda” si se les da el lugar como solo un canal, a conveniencia si es el caso. ¿Indispensables? – sí y no -. ¿La vida se detiene sin ellas?
Conclusión:
Darle solo la responsabilidad a las palabras escritas o por medio de multimedia – «sin justificación» – para expresarse, es como sembrar una planta y dejarla a su suerte.
Por lo tanto, ¿son las Redes Sociales una involución de la comunicación?
Gisela Monterrey
Nota. La opinión sobre el tema es generalizado y a grandes rasgos pero a la vez particular, en cierta forma.
Debe estar conectado para enviar un comentario.