Asumir…

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Suponer o dar por hecho situaciones conlleva un cierto riesgo, tanto para el equilibrio emocional propio como para el del tercero, ya que en ocasiones la realidad supuesta supera a la realidad misma. ¿Y por qué un riesgo?. Porque el que supone, al sobrecalentar las neuronas, acusa, somete a juicio sin pruebas y da sentencia en base a especulaciones – que van desde lo más simple a lo más complejo -, y ya no digamos que hoy en día las redes sociales incrementan aún más esta constante.

Pero, ¿Qué superpoderes tenemos para entrar en la caja de pensamientos de alguien?, ¿para asegurar el por qué actúa de cierta forma? o, ¿para acceder a lo más profundo de su mundo?, como para tomarse personal su proceder. ¿Qué tan certera es la bola mágica que en algún lugar del cerebro colocamos y que nos muestra esa historia que asumimos pasó o pasa?

La mente tan solo barajaea sus cartas, según la percepción individual, ya sea por un estado de ánimo, por creencias – impuestas o creadas en el camino por el que transita-, u otros factores que la memoria guarda donde mejor le «conviene».

Comenzar a fabricar súper historias (nuestras historias) con fragmentos diversos pero que se adaptan o se adaptan (porque si no, no sale bonito el cuento) o preferir adelantarse a estar listos para «auto defenderse» – por si acaso -, tal vez sea lo más rápido, cómodo y fácil; que antes preguntar, que salir de dudas.

Por otra parte, si también suponer y dar por hecho ya es un hobby o solo por el puro placer de tener la absoluta razón se lleva a cabo esta práctica, los motivos siempre se encontrarán.

Cada quien ocupe su disco duro según la capacidad de almacenamiento que este tenga.

Gisela Monterrey

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