

Sin duda el significado más fiel de esta palabra, son los niños.
¿Y qué son los niños? La expresión más pura de este concepto, y más. Quien los tiene en su vida, como hijos, nietos, sobrinos, incluso como solo de paso, y se da la oportunidad de conocerlos, aprende y encuentra magia. Y en ocasiones, con ellos se redescubren y reviven mundos olvidados.
Su capacidad de asombro, su buen humor, su libertad y su graciosa irresponsabilidad – que no pasa a mayores dependiendo del adulto, o sí, sin querer -, su calidez, su espontaneidad, sus incesantes cuestionamientos, la chispa con la que dicen las cosas, su curiosidad, su nobleza, su apoyo, su sensibilidad, su invención, su sabiduría, sus ganas de intentar hacer algo -por iniciativa o por imitación a los mayores-, su ímpetu, sus gracias, sus ocurrencias, su imaginación, sus sueños y fantasías, su sonrisa, su risa (recordar la película Monsters, Inc.), en fin, un sinnúmero de cosas que solo la infancia permite, y que, aunado a sus cualidades, los hace especiales a cada uno. Y en lo que nos toca vivir con ellos, también.
Si bien la infancia es una más de las etapas del ser humano – que termina a los 11 años -, es en esta donde comienza todo, donde la vida arranca. Y de las 2 partes en las que se divide, la primera, creo, es la que encierra en un 100% lo anteriormente descrito.
Sin duda, en la segunda aún conservan la mayoría de esas características pero ya con sus contrastes porque dejan de mostrarse por pena, por prejuicios, por temor al ridículo. Van adquiriendo patrones de su entorno -que lo rebasa por edad y circunstancias-; y a que van madurando. Y es esta la etapa álgida para ellos, es aquí donde el adulto tiene la mayor responsabilidad – incluso diría que una segunda oportunidad también -. De él depende, en ambas etapas, conservar esa espontaneidad, que lo que es innato no pase a ser nato por circunstancias adultas, dejar que vivan su momento, permitirles crear sus historias – que ya de adultos, estas nutren, ya sea por pura anécdota o como enseñanza al que está comenzando -; o, de que se conviertan en mini adultos, siendo esto último un «desperdicio» de años clave para ellos, y el inicio de la vida escolar a veces es una muestra de ese mundo mini.
Educarlos, motivarlos, guiarlos, apoyarlos, transmitirles conocimientos, poner límites, convidarles experiencias, ponerse a su altura, darles confianza y credibilidad, darles tiempo, compartirles lo que uno hace, escucharlos, cuidarlos, procurarlos, son también entre otros, básicos para que ellos se hagan de su mejor versión. No imponiendo proyecciones personales no realizadas, no infundir miedos (frustraciones, limitantes, resentimientos, prejuicios, etc.), sin el propósito de hacerlos a semejanza solo por egolatría – porque por sí mismos tomarán con o sin querer patrones de quien está a su lado; es el reto. No colocar piedras innecesarias en su camino. E importante, siempre respetándolos y sin tocar su esencia. (entiéndase por respeto que, no por ser «solo un niño» no amerita tenérselo, o no tanto).
Y si en esta encomienda, el adulto en turno considera que hay cosas no tan sencillas porque a él le faltó algo en la infancia, llámese cariño, atención o lo que sea, – o le sobró – y eso le creó cierto caos en su vida, intentar hacer lo contario a esa falta podría hacer la diferencia para cuando ellos lleguen a la edad adulta. Claro, si le interesa, lo cree y quiere hacerlo.
Tener en cuenta también que, por lo circunstancial que es la vida – y aun con bases sólidas -, distraerse en el camino es fácil, por lo que el trabajo pretendido podría ser más empeñado.
Por otra parte, cabe mencionar también que tratar a un niño no es siempre miel sobre hojuelas, pero, ¿De quién depende?, o ¿por qué sí o no lo es?…
Y por último, y es el mayor reto aun. Como adulto, conservar parte de las características de la infancia, y mejor aún, compartirlas y disfrutarlas sin temor alguno, dan un respiro a la vida diaria, a la humanidad. Coincidir con uno, simplemente no tiene precio.
Gisela Monterrey
Paradójicamente, es la fragilidad de los niños la que se debe
fortalecer.
ANÓNIMO