Los toros desde la barrera

Three-shots

«Yo lo hubiera hecho de tal o cual forma», «yo hubiera dicho», «yo hubiera…» o, «deberías…», y así un sinfín de opiniones y ‘opciones’ más que se dan – a veces de buena fe y otras más solo por no quedarse callado -, pero, ¿Qué sentido tiene para el espectador asegurarle al que se la está jugando en el ruedo que si fuera su caso, cualquier acción que tomara podría ser o dar el mejor el resultado, ¡si no está precisamente en la situación!?

El ruedo, como otros escenarios tiene varios ángulos para apreciar el espectáculo, y en donde toque verlo – ya sea desde lo más cercano o desde un lugar distante y en ambos casos, cómodamente -, no se mira igual. No siempre se apreciará el todo, tanto por perspectiva individual como por factores del entorno. Entonces, ¿Dónde y cuándo entra una opinión? Yo diría que nunca pero también a veces es casi imposible no involucrarse si el caso da para hacerlo – especialmente por el tipo de asunto y/o relación de la que se trate, cualquiera que esta sea -, o si el otro así se lo requiere o permite. Siempre que esto sea sin imponer, con respeto y principalmente, con prudencia.

También habría que tomar en cuenta que, por muy similar o igual que sea la  situación, las circunstancias en que esta se genera nunca serán las mismas porque son los matices de la vida y vivencia personal (por demás decir que, única) los que marcan una diferencia y por ende, su dimensión. Compartir el cómo se vivió sería más que suficiente. La receptividad suele ser más poderosa que cualquier consejo – disfrazado en ocasiones – de opinión o viceversa.

Y la pregunta del millón. ¿Se va a aportar algo propositivo? Porque respetar la barrera, también lo es.

¿Qué prefiere cada quien?

Nota. Cada situación tiene sus grados de complejidad, y lo anteriormente expresado es solamente viendo, Los toros desde la barrera.

Gisela Monterrey

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