Objetividad

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¿Hasta dónde este concepto es percibido como un juez, cuando de opiniones se trata?

Pensar, ver y expresarse bajo esta perspectiva no siempre es «bien visto». Ser objetivo tiene sus pros y sus contras, como todo. Por un lado, es hasta cierto punto saludable porque no hay un enganche personal (no se sudan calenturas ajenas, es imparcial) y se emiten opiniones juiciosas. Por otro, es complicado porque, además de salir a veces crucificado, la otra parte espera o busca que el punto de vista sea lo más afín para sentirse cómoda y  comprendida, por decirlo de alguna forma. ¿Y qué pasa cuando esto no es así?, ¿cuando la expectativa se «topa con pared»?. Sentirse ‘juzgado’, sentirse – dicho de forma coloquial como un, «te la guardo» -, ponerse a la defensiva o crear conflicto donde no lo hay, son solo algunas de las reacciones al escuchar lo que en realidad no se quiere.

¿Qué brinda la objetividad? Para el otro, un mejor apoyo, un mejor consejo, confianza. Para el entorno, un equipo. Y para sí mismo, una mejor toma de decisión – en cualquier aspecto -. En general, contribuye de alguna u otra forma en la cotidianidad.

Con el solo hecho de ver las cosas tal cual son, el pensar fuera de la caja, las situaciones toman otra dirección. Aclarando que, no necesariamente una persona objetiva tiene la verdad o razón absoluta sobre su propia visión, porque como lo mencioné en otro tema, ¿quién la tiene? Hasta el mismo juez se equivoca.

Por otra parte, la objetividad podría percibirse como frialdad, y lo es, pero desde un punto de vista subjetivo que al final del día es como una marioneta por las emociones que lo implican. Tampoco es sencillo ver la claridad de las cosas y tratar de mantener una postura sin un sentimiento de por medio.

No sé si se nace con ella o se adquiere sobre la marcha de la vida – llámese de la experiencia -, pero contar con ella, es un plus en las cualidades de una persona.

Creo que hoy en día el mundo necesita una buena dosis de.

Gisela Monterrey 

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