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¡Exactamente! ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? Porque, «Una cosa es Juan Domínguez, y otra…», y «una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa».
Y así como puede sonar enredosa la introducción, lo mismo pasa cuando surgen argumentos sin sentido (o con, pero que no entran en lo que se está tratando en el momento) como respuesta ante una plática que por lo regular se convierte en discusión porque algo se está confundiendo, tornándose esta absurda, incómoda y en ocasiones, violenta. Ya sea que a propósito o sin querer los argumentos se «confundan».
A propósito, porque se aprovecha el momento para liberar al árbol genealógico, a los demonios internos (sentimientos guardados y cosidos frágilmente con aguja e hilo), por solo necear o crudamente, para lastimar. Es como si la memoria estuviera en un estado de ‘en sus marcas, listos, ¡fuera!’. El pasado se atiza con el mínimo esfuerzo, haciendo que a veces arda Troya. Pero y, ¿es de esta manera que queda satisfecho quien confunde? o ¿cree que hizo limpieza al armario mental y ya, a la siguiente página? No creo, apenas y en comparativa, es solo la punta de un iceberg lo que se manifiesta. Es la situación de la que se trate para dimensionar con qué más puede «atacar» al argumento (que en realidad es más a la persona o a las demás que quiera involucrar), y entre más cargado el morral, mayor será la confusión. Y si no es un pasado el que discute el otro, sino un tema trivial, intentar explicarle se vuelve tedioso.
Sin querer (con y sin entre comillas), porque podría no haber mayor conocimiento del tema, por obsecado, porque se entiende lo que se puede/quiere o, por así convenir a intereses, es mejor sacar a relucir cosas para precisamente enredar una situación.
¿Por qué se mezcla una cosa con otra? La falta de argumento es, creo, la razón fundamental. El sentirse vulnerable, descubierto, aludido, perseguido, etc. (Rollos que solo puede saber el que confunde las cosas). Otra probable razón, porque simplemente tergiversar es el estilo.
¿Qué se afecta? Una buena charla, un momento agradable, relaciones.
La situación sabrá manejarse siempre que se mantenga el enfoque y claridad del tema, y si esta se sale de control, darle la vuelta o si se cuenta con las herramientas necesarias para entrarle al debate sin perder la cabeza, son solo otras opciones. Entender o comprender al que toma las cosas por otro lado – sin justificar -, también dará la pauta para poner o no determinado tema sobre la mesa.
Todo inicio de tema llevará a otro indudablemente, pero centrarse e irlo acomodando dará un mejor entendimiento, por muy diferentes que sean las ideas y los argumentos. Lo demás, ya es, ¿rebuscar?, ¿provocar?
Dejar la visceralidad de lado, también despeja la mente.
Gisela Monterrey