
La Alfarería, uno de los oficios artísticos milenarios que, como bien se conoce, crea piezas maravillosas, y algo muy interesante, es que son piezas únicas, aun cuando se utilizan las mismas técnicas y mismos materiales. Su elaboración implica creatividad, conocimiento del proceso, enfoque, delicadeza, detalles, paciencia, cuidado, precisión, amor y pasión al arte, entre otras peculiaridades…
Y es este oficio el que elegí para hacer una analogía que se titula: ALFARERÍA HUMANA.
En el proceso técnico de la alfarería se consideran puntos básicos como: idea, amasado, torno, moldeado y acabado final.
Un pequeño ser que, en su día 1, se mira cara a cara con la expresión de la edad adulta. A pesar de aún no comprender lo que ve y escucha, lo siente y lo percibe. La red neuronal ha comenzado su registro. Las muestras afectivas que recibe a su llegada – de amor, de cuidado, de armonía, de tranquilidad, de sonrisas, de ternura, de apapacho, de atención, de protección, de alegría, de respeto, de comprensión, entre otras propias de esos momentos -, podrían ser “Más que suficientes” en su incipiente experiencia de vida, y ser un hecho para sentirlas los días que siguen y los años que vendrán. No sabe aún el significado de diccionario de estímulos y sensaciones, y tampoco sabe que serán herramientas para enfrentar las vicisitudes y demás situaciones que se le presenten cuando transite por la vida misma. Lo único que hará mientras llega a la edad grande, es disfrutar y vivir con alegría, conforme a sus etapas, que son las que al final del día marcarán el recuerdo de su niñez, y que a la vez, se reflejarán en su forma de actuar y conducirse. De su bienestar – en su significado más amplio -, se encargará el adulto.
La Idea
Tener clara la idea de la pieza que se quiere crear es imprescindible, porque aunque toda figura parte de una forma cilíndrica, un plato no es igual a una taza, o esta a una vasija, o esta a un vaso.
Por ejemplo, no se puede ir de una pieza grande a una pieza pequeña. No es imposible cambiar el giro de la idea, pero la posibilidad de que esta se pueda romper en el intento, es muy alta.
Por eso es la importancia de tener claro el objetivo antes de comenzar.
Si bien todas o varias de esas muestras afectivas podrían estar presentes durante toda su vida, la realidad es que estas se irán modificando, gradualmente desapareciendo, o incluso, “saldrán de su radar”, porque el grande tiene que ocuparse de lo que implica la vida adulta, de su realidad, de las condiciones que esta le propone – o le exige -, o porque los monstruos se hacen presentes, reduciendo entonces la posibilidad de un nivel y calidad de los aspectos que se requieren para una vida sana en la futura persona adulta.
¿Y, quién es, El grande? (aparte de ser una de las maneras que tiene la pieza mini humana para referirse a un adulto) En primera línea de vida, es el procreador, quien aparte del literal significado de la palabra, metafóricamente hablando es, El Alfarero. Es quien moldeará y creará una pieza humana de buena calidad – en términos de valores, principios, sentimientos, fortalezas, confianza, valor, personalidad, etc. -, siendo útil para sí misma y su entorno, tanto en el que se le rodee como en el que la pieza elija en su momento, guiada por su libre albedrío. Para ello, el grande cuenta relativamente con cierto tiempo efectivo para que esa pieza sea moldeada, tantas veces lo considere pertinente, y muy importante, no olvidando nunca respetar su esencia. Y no es que sea imposible hacerlo después de ese cierto tiempo, porque para entonces ya habrá conocido aún más las características de la pieza, y eso bastará para ir aplicando métodos, nuevos o aprendidos, pero podría costar un poquito más conseguirlo. Estas alternativas (tiempo y método) no quieren decir que sean una regla o un absoluto para hacer a una persona de bien – en pro de los términos antes mencionados -, porque podría depender de circunstancias varias, pero, sí hay una directriz que sin querer queriendo puede cambiar el rumbo del noble objetivo, y esta es que, los monstruos del grande sean los que terminen moldeando la pieza. Desafortunadamente.
El Amasado
Un mal amasado de la pella – como se le denomina a la bola que se compacta con material elegido -, puede provocar burbujas, y las burbujas descentran la pella en el torno, y esto provocará batallar con la elaboración de la pieza, además de requerir cortarla para darle nueva forma, pero ya acorde a lo que quedó.
Si desde un principio este paso se hace “más o menos bien”, más adelante el torno responderá de la misma manera, “más o menos”, e incluso peor, dejando como ejemplo lo mencionado en el párrafo anterior.
Es muy sabida la frase de, “Nadie nace sabiendo ser padres”, y tiene mucho sentido porque, ¿quién en su sano juicio querría “arruinar” a su propia creación por culpa de los monstruos?
Por su sentido común, por su instinto, por cómo vivieron determinadas etapas, o porque es lo correcto a sus ojos y a su entender, es que ellos hacen lo humanamente posible para cumplir (o tratar de) con el rol lo mejor posible, teniendo incluso en mente, ofrecer una vida mejor – según su definición – de la que la que les tocó atravesar antes de convertirse en El grande. Los monstruos de los que se hablarán más adelante, son las convicciones, las conductas y los patrones que, como un botón de emergencia, se accionan para reaccionar. Cuando estos aparecen, la intención de hacer lo correcto o hacerlo bien, se va por la borda. Y, ¿quién contra ellos si solo saben estar escondidos? Si solo salen cuando los “necesita”.
Sabrá cada quién, o no, desde cuánto tiempo atrás existen sus monstruos – porque se sabe incluso que antes de nacer, en la gestación, se escucha, se percibe y se siente. Ya en el exterior, los reconocerá -.
El Torno
Un buen centrado de la pella en el torno, en gran medida garantizará un buen moldeado, pues evitará que se menee, y con ello, el material levantará sin problema. Por ende, el proceso irá fluyendo satisfactoriamente.
Un mal centrado equivale a trabajar en modo defectuoso. La pieza podrá levantarse, sí, pero avanzar con un error es igual a que por defecto no se logre.
En este punto también, la coordinación corporal es muy importante: cabeza (tener clara la idea a desarrollar, enfoque), brazos (fuerza), piernas (rodear el torno), y manos (ejecutan y tienen el control del sube y baja del material). Otra coordinación que entra en juego con estas, son los dedos, que siempre acompañarán para dar la forma. A la hora de hacer la boquilla, estos no deben estar en el aire, o la pieza se descentrará Los pulgares dirigen y los demás contienen a la pieza.
El temperamento polarizado, el tipo y forma de educación adquirida, el mal carácter, los complejos (culpa, inferioridad, superioridad, etc.), las inseguridades, el apego (insano), la rigidez mental, la burla, el control, la intolerancia, el miedo, la quejumbre, el maltrato, la necedad (cerrazón), la desconfianza (y sus matices), el resentimiento, la intransigencia, la falta de compasión, la falta de empatía, el egoísmo, los trastornos (no tratados), la duda excesiva, la ira, el descuido, la manipulación, la intriga, los celos, la mala comunicación (gritos, falta de escucha, ley de hielo, etc.), la habladuría, la deslealtad, la pereza, el mal carácter, la desvalorización, las adicciones, la falta de coraje, la maldad, la amargura, la dejadez, la comparación (mal entendida), la irresponsabilidad, la saña (del comportamiento y de la palabra), la cizaña, la envidia, el desinterés, la dependencia, los vicios, el aprovechamiento (negativo), la represalia, el orgullo (insano), la terquedad, la pretensión de perfección (negativa), la ausencia y falta de límites, la apatía, el apocamiento, la falta de coraje, la falta de iniciativa, la conchudez, la negatividad, la condescendencia, la mentira, el desánimo, el silencio (en su término negativo), el rechazo, la debilidad, la humillación, lo malpensado, la grosería, la sumisión, el mal comportamiento, lo impositivo, los traumas (o supuestos), la falta de habilidad, el castigo, la ambición (negativa), la avaricia…; son los monstruos. Esos que – comprendidos pero no justificados -, se registraron desde cierta etapa, se absorbieron e inevitablemente se retransmitieron, directa o indirectamente, en combos o por separado. E incluso, duermen junto a los logros personales.
Frases como, “Porque así me enseñaron a mí”, “porque así era en ese tiempo”, “porque así crecí (mos)…”, no hacen más que debilitar el material de la pieza, desvirtuando su ser.
Si no se corta con ellos, generación tras generación, esos monstruos se convierten en algo así como eslabones maltrechos, oxidados y por oxidarse. Eslabones que al unirse – sin un propósito benéfico -, solo rompen sueños, aniquilan anhelos….encadenan.
Moldear una pieza humana libre de marañas existenciales, hará de su mundo y el mundo, algo mejor. Cuando a la pieza en formación le toque ser el grande, se encargará de lo propio, con aciertos y con fallos, en los múltiples roles que le toque desempeñar, pero siempre, con la seguridad de contar con una base emocional bien cimentada.
El Moldeado
Un buen centrado permite poder realizar los movimientos propios de la alfarería, que como principal objetivo es levantar la pieza mediante la presión que hacen las manos hacia el centro – con la mano izquierda -, bajar y extender – con la mano derecha –, y así sucesivamente, el tiempo que sea necesario, para dar forma a la idea. El agua es fundamental en este paso, pues una buena hidratación del material será el éxito de su maleabilidad.
Una indecisión sobre la idea, y pretender cambiar la forma de esta en el acto, solo provocará que la pieza caiga y no levante más, porque la hidratación habrá debilitado ya las paredes de esta.
¿Qué toca o qué correspondería hacer a todo esto? Romper la cadena. Desenganchar eslabón por eslabón (monstruo por monstruo), y agregar o reacomodar los eslabones (de las bondades) que sí suman, los que aporten en la vida de la pieza humana que comienza. No es trabajo sencillo porque finalmente es trabajo para 2.
Concientizar y reconocer es un primer paso, la genética es contundente. ¿Quién no se da cuenta de que está frente a su ‘”mini yo”? Incluso este reflejo podría hacer menos desgastante la tarea de descubrir en sí mismo patrones y conductas no gratas.
El Acabado final
El secado y el horneado, no menos importantes, son los que darán firmeza a la pieza. El primero, con el tiempo pertinente. El segundo, con la temperatura idónea.
Por último, toca echar a andar a la imaginación. El acabado, el diseño, el color, y tantos detalles más que al alfarero se le puedan ocurrir para terminar y presentar su apreciado trabajo.
Conclusión: En este oficio, tan tradicional, es muy importante que cada etapa se haga a la perfección, o casi, para que en el proceso el alfarero no se encuentre con problemas técnicos – como la burbuja y el mal centrado – que pudo haber solucionado desde el principio…
… A diferencia del ser humano, que cuantas veces lo desee puede seguir modelándose (término de psicología conductual), porque mientras haya vida, todo es oportunidad. Sin duda, esta es una de sus mejores bondades.
Mencionaba al principio del tema, que en la alfarería se crean piezas únicas, porque es la imperfección –paradójicamente a su proceso – la que les da ese calificativo. Es la esencia de su obra. El diseñar manualmente cada pieza, en todas sus etapas, es la razón. No se elaboran en serie, como lo haría una máquina que produce por volúmenes. El alfarero, se toma aún el tiempo para imprimir su sello personal, ya sea registrando la fecha de su creación en la pieza, u otro detalle que lo identificará como el creador de esta.
Es el amor, la paciencia, la atención y la convicción de querer un mundo mejor, creado por personas mejores, sin monstruos, sin eslabones.
Gisela Monterrey
